La mayoría de nosotros hacemos una pregunta cuando empezamos a hablar con amigos, compañeros de trabajo y pares:

"¿Cómo estás?"

La pregunta puede parecer inofensiva, pero tiende a conducir a una respuesta socialmente aceptable:

"Estoy bien."

El problema es que "estoy bien" a menudo no es verdad. Y si haces esta pregunta a alguien que está lidiando con mucho en su vida personal, puede sentirse como insensible.

La directora de operaciones de Facebook, Sheryl Sandberg, se sentía a menudo así cuando sus amigos le preguntaban "¿Cómo estás?" después de la repentina muerte de su marido, Dave Goldberg, en 2015.

"Después de que mi esposo murió, encontré que el saludo estándar de '¿Cómo estás?' era una pregunta muy difícil de responder," dijo Sandberg a Business Insider en una entrevista sobre su nuevo libro sobre el dolor, "Opción B."

"La respuesta al saludo estándar de '¿Cómo estás?' es ‘Estoy genial,’ y cualquier otra cosa es irritante," dijo. "Cuando la gente está realmente sufriendo y sabemos que están sufriendo, esa pregunta puede ser muy difícil. Inadvertidamente, y no creo que sea algo apropósito, comunica una falta de empatía."

En su lugar, Sandberg recomienda ajustar la pregunta un poco: "¿Cómo estás hoy?"

Ella dice que la pregunta ligeramente alterada implica: "Lo entiendo, estás pasando por algo duro, y vives día a día."

"Y es una pregunta mucho más amable," dijo.

Ella dice que todo el mundo se aflige de manera diferente y que ella a menudo cometió el error de preguntar "¿Cómo estás?" antes de la muerte de su marido.

Está es la amarga verdad: nunca seremos tan buenos como creemos que deberíamos ser.

Ninguno de nosotros lo será.

Inevitablemente habrá momentos en los que resbalaremos y no podremos satisfacer nuestras expectativas (poco razonables) de nosotros mismos. Probablemente ocurra muy a menudo también. Y si no abrazamos estos errores y fracasos como lecciones aprendidas, gradual e inconscientemente nos volveremos auto-conscientes sobre todo lo que no estamos haciendo y logrando según lo planeado.

Honestamente, sucede todos los días con los mejores de nosotros; desesperadamente nos descubrimos pensando en cómo nos estamos quedando cortos.

Nos preocupa que no hayamos avanzado tanto como pensábamos. Nos preocupa que nunca podamos ser tan productivos como podríamos ser. Y nuestra preocupación sólo nos lleva a más preocupaciones sin sentido.

Nos preocupa no...

• Tener cuerpos con mejor aspecto
• Ir al gimnasio más a menudo
• Lograr más de nuestros objetivos
• Etc

Nos preocupa que debiéramos estar haciendo...

• Algo mejor
• Algo más asombroso
• Todas esas cosas increíbles que la gente en la televisión y las redes sociales están haciendo
• Etc

Y así, quedamos sintiéndonos culpables de que no somos tan buenos como debiéramos ser, que no estamos haciendo lo perfecto en el momento perfecto, nunca.

La buena noticia es que los pensamientos como estos son naturales, porque la mente humana no es perfecta; se preocupa por cosas. Pero podemos aprender a agarrar y controlar estos pensamientos, para que no nos agarren y controlen a nosotros.

Dejando ir nuestras fantasías de la "vida perfecta"

Hasta cierto punto, todos tenemos esta majestuosa idea en nuestras cabezas sobre cómo se supone que sean nuestras vidas. Imaginamos que deberíamos vivir una vida diferente y mejor...

• Una vida sin dilaciones y fracasos
• Una vida con hazañas espectaculares de éxito
• Una vida de viajes y aventuras
• Una vida con amigos, familiares y compañeros perfectos
• Etc

Y con todo esto se supone que deberíamos estar sonriendo también, ¿verdad?

¡Incorrecto! Así no es como funciona la vida realmente. Al menos no 24/7.

La verdad es que somos humanos milagrosamente defectuosos que vivimos vidas milagrosamente defectuosas. Y la parte "milagrosa" sólo transpira cuando aceptamos y hacemos lo mejor con lo que tenemos.

Cierra los ojos y reflexiona sobre la realidad actual de tu vida, y susurra: "Estoy bien. La vida está bien. Dejaré que mi actual situación en la vida sea lo que es, en lugar de lo que creo que debería ser, y haré lo mejor con ella."

La clave es aceptar el hecho de que no hay tal cosa como la vida perfecta. No hay ninguna cosa perfecta que deberías haber logrado y ninguna secuencia perfecta de cosas que deberías estar logrando ahora mismo.

Sólo hay este momento en el que vives y lo que decidas hacer con él.

Y si, decepcionarte con este momento, con uno mismo y con los demás a menudo es parte de la imagen; no hay escape de esta realidad.

Pero, ¿qué elegirás?

Puedes estar decepcionado en este momento y no hacer nada, o puede practicar estar satisfecho con la oportunidad de hacer lo mejor con él.

Si tu estrategia para calmarte antes de una entrevista de trabajo o una gran presentación es pasearte de un lado a otro y murmurar, "¡Puedes hacerlo!" hasta que casi lo creas, entonces tenemos buenas noticias.

Hay una manera más sencilla y más eficaz para vencer la ansiedad. ¿El truco? Recuerda lo que más valoras.

En su nuevo libro "Presence", Amy Cuddy, la psicóloga de Harvard que popularizó la idea de "poses de poder" para aumentar tu confianza, ofrece un simple ejercicio para superar tus nervios. Tómate unos minutos para escribir sobre un valor básico que sea significativo para ti (por ejemplo, la familia, la creatividad, el éxito profesional) y un momento en el que ese valor era importante.

El ejercicio puede parecer no estar relacionado con la tarea a mano, pero (espero) te ayudará a recordar lo que tú, como un individuo único, tienes que poner en la mesa.

Un creciente cuerpo de investigación apoya la idea de que reflexionar sobre tus valores personales (lo que los investigadores llaman "auto-afirmación") puede ayudarte a lidiar con las situaciones difíciles.

En un estudio sobre auto-afirmación, investigadores de la Universidad de California en Los Ángeles y de la Universidad de California en Santa Bárbara le pidieron a 85 estudiantes que dieran un discurso de cinco minutos sobre por qué serían un buen candidato para un trabajo en su universidad.

La experiencia fue diseñada para ser extremadamente estresante; después de dar el discurso, los participantes contaron en voz alta hacia atrás de 2,083 por 13 segundos mientras los experimentadores les gritaban "más rápido."

Al inicio del estudio, todos los participantes completaron un cuestionario en que se les pidió que clasificaran la importancia de cinco valores personales: religión, cuestiones sociales, política, teoría y estética. La mitad de los participantes respondieron preguntas sobre sus valores más importantes; la otra mitad respondieron preguntas sobre sus valores menos importantes.

Los resultados mostraron que los participantes que se auto-afirmaron al escribir sobre sus valores más importantes reportaron significativamente menos estrés mientras se preparaban para el discurso. Los investigadores también midieron sus niveles de cortisol, una hormona del estrés, y encontraron que los participantes que se auto-afirmaron no mostraron picos significativos.

En otras palabras, simplemente reflexionar sobre quién eres y lo que te importa puede ser suficiente para amortiguar los efectos de una experiencia altamente estresante.

En "Presence," Cuddy dice que la auto-afirmación facilita el desarrollo de la "presencia" (la cual define como estar sintonizada y ser capaz de expresar tu verdadero potencial) al permitirte convertirte en "tu yo auténtico" y "tu yo más atrevido".

No se trata, dice, de creer que eres el mejor en este papel o desarrollar una falsa sensación de confianza. En lugar de eso, se trata de saber que eres capaz de hacer lo mejor que puedes y demostrar tus fortalezas personales y talentos.

Ella dice que la auto-afirmación es "una forma de fundamentarnos en la verdad de nuestras propias historias. Nos hace sentir menos dependientes de la aprobación de los demás, e incluso estar cómodos con su desaprobación, si eso es lo que obtenemos."

Podría pensar que la popularidad es simple: es sólo una cuestión de cuántas personas compiten por tu atención, y es un rasgo que no importa más allá de la escuela secundaria.

Resulta que ambos supuestos son incorrectos, según décadas de investigación.

El Dr. Mitch Prinstein es uno de los principales investigadores sobre la psicología de la popularidad, y enseña un curso sobre el tema en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill.

Business Insider habló con él sobre su curso y su nuevo libro "Popular", y por qué muchos de nosotros podemos tener conceptos erróneos acerca de la popularidad y su impacto en nuestras vidas.

Quizás el aspecto más fundamental de la psicología de la popularidad es que los investigadores distinguen entre dos tipos:

• Preferencia social (Gustabilidad)
• Reputación social (Estatus)

Debemos esforzarnos por ser más populares, nos dijo Prinstein, pero eso no significa que debas empezar a actuar como el elenco principal de "Mean Girls" o Frank Underwood de "House of Cards". Significa que debes tratar de ser más gustable a través de un comportamiento genuino, positivo y constructor-de-relaciones.

No hay nada malo con querer subir de estatus, pero se convierte en un problema cuando ese es nuestro único enfoque.

La realidad, le explicó Prinstein a Business Insider, es que mientras que las personas con alto estatus pueden usar tácticas negativas como intimidación y la aserción de poder para subir a la cima (especialmente en los Estados Unidos, donde se valora fuertemente el individualismo) aquellos que priorizan su Gustabilidad están entre las personas más felices y exitosas en la sociedad.

Prinstein dijo que la gustabilidad es "uno de los comodities más valiosos... en todas nuestras relaciones sociales," y que "debemos invertir en ella tanto como invertimos en cualquier otra cosa que esperamos que nos ayude en nuestras vidas."

En su curso, Prinstein explica que podemos ver la popularidad a través de la lente de un modelo transaccional. Cuando nos involucramos en un comportamiento gustable ("estar atentos a las necesidades de los demás, hacer que otros se sientan bienvenidos, ser amables, liderar uniendo") nuestra preferencia social se elevan, y nos involucramos en interacciones más positivas con los demás, Lo que entonces no lleva a una más alta preferencia social, y el ciclo continúa.

Como niños, esto puede ayudarnos a superar las dificultades iniciales de asistir a una nueva escuela, o progresar más allá de la incomodidad social natural que viene con el inicio de la adolescencia. Como adultos, esto puede conducir a la progresión en la carrera e incluso el logro de relaciones románticas estables.

Mientras tanto, un intenso enfoque en el estado nos lleva a participar en comportamientos que pueden llevarnos a atravesar una jerarquía corporativa, pero nos deja sintiéndonos aislados o deprimidos, dijo Prinstein.

Prinstein dijo que quiere que los lectores de su libro reconozcan la diferencia entre los dos tipos de popularidad para que puedan actuar en consecuencia y llevar vidas más satisfactorias.

"Hay muchas, muchas personas que han ganado estatus, pero a lo largo del camino también serán referencia como personas que verdaderamente hacen conexiones con otros e intenta elevar a los demás... que verdaderamente se preocupan por los demás," dijo Prinstein. "De alguna manera, es la combinación perfecta."

Resistir e ignorar tus propios sentimientos y emociones no sirven. Te lleva al estrés, a la enfermedad, a la confusión, a relaciones rotas, a ataques de cólera y a sufrir depresiones profundas y oscuras. Cualquier persona que haya experimentado cualquiera de las anteriores cosas sabe que estos estados mentales son horriblemente insanos... y cuando tienes el hábito de la auto-negligencia, es casi imposible escapar.

Rechaza ignorar tu sirena interior por más tiempo. Rechaza descuidarte. Elige ocupar mucho espacio en tu propia vida. Elige darte permiso para satisfacer tus propias necesidades. Elige honrar tus sentimientos y emociones. Elige que cuidar de ti mismo sea una prioridad...

Elígete a ti mismo!

Aquí tienes algunas maneras sencillas para elegirte hoy mismo:

1. Date un descanso cuando lo necesites

Muéstrate un poco de amor dándote cuenta de que no puedes hacerlo todo para todos en todas las situaciones. Haz lo que puedas, y hazlo con un corazón alegre.Luego respira y date espacio para recuperarte.

Rellena tu cubo diariamente. Eso significa recuperar la respiración, encontrar soledad en silencio, concentrar tu atención hacia tu interior, hacer tiempo para la diversión y la risa, comer lo suficientemente sano como para mantener los máximos niveles de energía, y de otra manera ganar tiempo para recuperarte de las presiones de la vida.

2. Escucha tu intuición y se honesto contigo mismo sobre todo

No podemos hablar con integridad sobre un estilo de vida que no estamos viviendo.No necesitamos más narradores deslumbrantes; necesitamos narradores más auténticos.

Escucha esa voz interior. La confianza proviene de saber que lo que estás haciendo es lo correcto, y que lo que estás haciendo es correcto para TI también. Crea una vida con la que te sientas bien en el interior, no una que sólo se vea bien en el exterior, para todos los demás.

3. Trabaja en cosas que te hagan feliz

Hay una gran diferencia entre la fatiga vacía y el agotamiento gratificante.

La vida es demasiado corta.Invierte en actividades (y relaciones) que importen profundamente. Al final, una buena vida es acerca de tomar la buena decisión de hacer algo cada día que te mueva.

¡Cuídate haciendo las cosas que te importan! Es cuestión de darte cuenta de que no hay egoísmo en cuidar de ti mismo. Porque no podemos dar lo que no tenemos. Tienes que experimentar la vida en tus términos antes de poder darles vida a los demás. Construye rituales diarios positivos que apoyen tu felicidad.

El punto es: La gente va y viene. Los eventos van y vienen. El día y la noche van y vienen. Pero un sincero respeto por ti mismo siempre permanecerá contigo, si lo cultivas.

Así que pon estas cosas en tu lista de tareas pendientes hoy (y únelas a los puntos anteriores):

• Pasa tiempo haciendo cosas que te ayuden a amarte a ti mismo más.
• Pasa tiempo pensando en cosas que te ayuden a amarte a ti mismo más.
• Pasa tiempo con personas que te ayuden a amarte a ti mismo más.

Repítelo mañana.

En su nuevo libro, "Insight", la psicóloga Tasha Eurich argumenta que cuanto mejor te veas a ti mismo, más éxito tendrás.

Para ello, ofrece una serie de estrategias para conocerse mejor, cada una caracterizada por la extrema eficiencia y un enfoque en la resolución de problemas sobre la rumia.

Una estrategia de este tipo es la herramienta contra-intuitiva "Qué, no Por qué." Cuando te enfrentas a una situación difícil, o lo echaste a perder hasta cierto punto, Eurich escribe, hazte preguntas "Qué" en lugar de preguntas "Por qué."

Cuando visitó las oficinas de Business Insider en mayo, Eurich compartió un ejemplo de una situación en la que esta herramienta funcionaría: Acabas de hacerle una horrible presentación al cliente.

Esto es lo que dijo Eurich:

"Puedes preguntarte a ti mismo: si eres una persona bien intencionada y exitosa, '¿Por qué me equivoqué en esa reunión?' O, '¿Por qué lo estropeé?

"Lo que encontré, en mi investigación y en otras, es que cuando nos hacemos esas preguntas de por qué, nos lleva a una espiral de auto-odio.

"Nos deprime, tiende a culparnos a nosotros mismos de una manera no productiva, pero si podemos hacernos las preguntas de ‘qué,’ estas están más orientadas hacia el futuro. Y eso puede marcar toda la diferencia."

Específicamente, dijo Eurich, podrías preguntarte: "¿Qué puedo hacer de manera diferente en el futuro?" O "¿Qué puedo aprender de este evento en particular que me ayude a tener más éxito la próxima vez?"

En "Insight", Eurich destaca algunas razones por las cuales funciona la herramienta Qué, no Por qué. Por una parte, escribe, "preguntar ‘qué’ nos mantiene abiertos a descubrir nueva información sobre nosotros mismos, incluso si esa información es negativa o está en conflicto con nuestras creencias existentes."

Eurich cita un estudio en el que dos grupos de estudiantes leyeron una evaluación positiva y negativa sobre sus personalidades (sin el conocimiento de los estudiantes, todos habían recibido las mismas evaluaciones).

A un grupo de estudiantes se les preguntó de antemano qué tipo de persona eran; Al otro grupo se le pidió que pensara por qué eran del tipo de persona que eran. Como resultado, los estudiantes en el grupo de "por qué" fueron resistentes a los feedbacks negativos, mientras que los estudiantes en el grupo de "qué" fueron más receptivos.

Otra razón por la cual funciona la herramienta Qué, no Por qué: Nos induce a etiquetar nuestras emociones, una práctica que los psicólogos han encontrado que nos ayuda a manejar esos sentimientos.

Si vienes del trabajo con un humor asqueroso, Eurich escribe, es útil preguntarte, "¿Qué estoy sintiendo ahora?" Ella escribe: "Tal vez te des cuenta de que estás abrumado en el trabajo, agotado y hambriento." A partir de ahí, puedes tomar medidas para eliminar esos factores de estrés individuales.

En general, escribe Eurich, la herramienta Qué, no Por qué nos saca de una mentalidad de autocompasión y nos orienta directamente hacia el futuro. Ella escribe: "Hacer la transición de Por qué a Qué puede ser la diferencia entre el victimismo y el crecimiento."